La importancia que las maderas tienen en la construcción de un instrumento de arco es evidente. De la calidad de ellas depende, en buena medida, el resultado sonoro.

Las maderas empleadas generalmente son:

  • El abeto (Picea abies) para la tapa, la barra armónica y el alma.
  • El arce europeo (Acer pseudoplatanus), para el fondo, aros, mango y puente.
  • Ébano para el diapasón y las cejillas
  • Los contra-aros y los taquillos pueden hacerse de abeto, álamo, sauce o cualquier otra madera ligera. Las clavijas y cordal pueden hacerse de ébano, palosanto o boj.

Es importante elegir bien la madera a utilizar, especialmente el abeto y el arce. Ciertas consideraciones sobre cómo la madera ha de ser cortada y tratada han de ser tenidas en cuenta.

En primer lugar, los árboles más propicios son los situados en zonas de abrigo de media montaña y, a la hora de elegir, por ejemplo, será preferible la parte del árbol que ha estado orientada hacia el sur (F.J. Fétis dixit), también será aconsejable que no sean partes demasiado cercanas a la raíz ni a la copa ni muy cerca del duramen del tronco (L’Abbé Sibire). El árbol ha de ser talado en el momento más propicio del año. Según se ha podido comprobar a lo largo de la historia, la luna influye en el crecimiento de los árboles. El momento de la tala del árbol juega un papel crucial en el posterior comportamiento de la madera (agrietamiento, resistencia, etc.). El árbol ha de ser cortado en “buena luna”. Las lunas menguantes de invierno, momento en el que el árbol está inactivo, son las más propicias para proceder a la tala. De igual manera, las épocas menos adecuadas serán aquellas en la que el sol y la luna inducen al crecimiento: los cuartos crecientes de primavera. Estas consideraciones tienen su importancia si tenemos en cuenta que la madera ha de ser curada de forma totalmente natural.

Actualmente, la madera para usos industriales es tratada para estabilizarla y su secado se hace de forma artificial y totalmente controlada. Por contra, la madera destinada a la fabricación de instrumentos ha de ser secada de manera totalmente natural, al aire, protegida del sol y del agua y durante un periodo mínimo de 5-6 años. Si no respetamos este tiempo mínimo, corremos el peligro de que el instrumento sufra deformaciones a causa de lo que se llama el “trabajo” de la madera. Se han hecho numerosos intentos para conseguir un tratamiento que acelerase el proceso de curado natural de la madera sin que por ello variaran las propiedades mecánicas y acústicas de la misma, pero hasta el momento no se ha conseguido ningún resultado equiparable al secado natural. El mismísimo Vuillaume empleó madera secada artificialmente en sus primeros instrumentos, descartando el procedimiento enseguida y siendo éstos los peores violines de los que construyó.

La madera de abeto es óptima para la construcción de instrumentos (no sólo de arco) debido a que se trata de una madera de un peso específico medio (460-500 Kg./m3) y de una resistencia bastante aceptable, si tenemos en cuenta su peso. Tiene además la característica, debido a la estructura elástica de sus fibras, de transmitir el sonido a una velocidad muy alta.

El mejor abeto para la construcción de violines procede de Suiza y del Tirol, algunas zonas del norte de Italia y del Haut Jura francés. Los árboles son seleccionados cuidadosamente por especialistas, que son capaces de apreciar las cualidades sonoras de la madera antes de abatir el árbol. Los mejores árboles crecen en valles protegidos del viento y de una altitud de entre 1.000 y 1.500 mt. Estas condiciones (clima, altitud y orientación) influyen en el crecimiento del árbol y por tanto en la naturaleza de sus vetas. Estas vetas han de ser bien rectas y con un espaciamiento de 1 mm. aproximadamente. (Para instrumentos de registro más grave la distancia entre vetas será un tanto mayor, ya que la madera de vetado más ancho favorece más las vibraciones lentas (graves,) p.e. para un cello puede rondar los 2 mm.).

Las tapas se hacen siempre de dos piezas, sacadas a partir del mismo trozo de madera. Esta pieza se trata de una cuña obtenida al cortar el tronco en forma radial , la cuña se parte por el medio, obteniendo dos mitades adyacentes. El corte radial hace que las vetas de la madera queden en posición perpendicular, ya no sólo longitudinalmente, sino desde el punto de vista del alzado del instrumento, es decir con respecto al plano de la propia tapa. Si la madera fuese cortada de forma tangencial o en paralelo, la más utilizada para otros usos (tablones, panchas, etc.), las vetas de la madera quedarían cortadas e interrumpidas al tallar las bóvedas lo que daría como resultado un madera muda, frágil y que no favorecería la transmisión de las vibraciones. Hemos de procurar que las vetas más estrechas queden hacia la parte central de la tapa.

El arce, destinado a servir para la confección del fondo y el mango, es elegido por la relación entre dureza y elasticidad y un peso específico no excesivo (600-650 kg./m3) que lo hacen idóneo para la función estructural para la que ha sido destinado ya que debe ser capaz de soportar la presión que ejerce el alma sobre el fondo y la tracción que las cuerdas ejercen sobre el mango sin ofrecer demasiada resistencia a la trasmisión del sonido. Debido a sus cualidades sonoras, la madera de arce filtra determinadas frecuencias y potencia otras, proyectando mejor las frecuencias del registro medio-agudo y un dando un color más brillante al sonido.

El mejor arce proviene de los bosques de Bohemia, Dalmacia y Hungría. Los antiguos sabían de la gran elasticidad y resistencia de esta madera, ya que era empleado para fabricar los remos de las galeras. Los grandes maestros de la lutheria, incluyendo Stradivari y sus contemporáneos, usaron el arce de Hungría, de un flameado de gran belleza que confería un aspecto único a los instrumentos. Aunque el alto precio de esta madera hizo que, en la mayoría de los casos, se hiciera uso de especies locales de arce, de buena calidad acústica, pero de veta más junta y menos flameado, lo que confería a los instrumentos un aspecto menos espectacular. Hemos de decir que el flameado no aporta nada a la calidad sonora de la madera, es más, se podría afirmar que el curso sinuoso del grano que da origen al flameado podría entorpecer en alguna medida la trasmisión de las ondas sonoras.

A diferencia del abeto, el arce puede ser cortado tanto al cuarto (radial) como tangencial, siendo preferible el primero de ellos ya que la veta no se ve interrumpida al tallar las bóvedas. No obstante, el corte tangencial ha dado buenos resultados en determinados casos, habiendo sido utilizado por los grandes maestros en la confección de algunos de sus instrumentos. El fondo podrá ser confeccionado a partir de una o de dos piezas, siendo válida cualquiera de ellas. En el caso de las dos piezas, éstas se obtendrán de un trozo tal y como se hace con la tapa. En el caso de madera en corte tangencial, el fondo será de una sola pieza, ya que, de lo contrario, sería poco resistente.

Otras maderas han sido empleadas para confeccionar los fondos de los instrumentos de arco a lo largo de la historia: álamo, fresno, peral, nogal, ciruelo, caoba, etc., pero los resultados, aunque en muchos casos satisfactorios, no han sido equiparables a los del arce.

Para la confección de los aros y del mango, utilizaremos madera de arce de la misma pieza empleada para el fondo, a fin de conseguir una uniformidad del flameado que dará más prestancia al conjunto.

Bibliografía:

R.&M.Millant: “Manuel Practique de Lutherie”. Bruselas 1979

E. Heron-Allen: “Violin Making. A historical and practical Guide” Londres 1885

Hill, W.H, A.F., A.E.: “Antonio Stradivari, his life and work”. Londres 1902

E. Lehmann: “Dictionaire de la lutherie et de l’archeterie”. 2006

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Las maderas en los instrumentos de arco por Eduardo Francés Bruno es un artículo publicado bajo Licencia Creative Commons Reconocimineto 3.0 Internacional.
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