El puente de un instrumento de arco consiste en una pieza de madera sobre la que reposan las cuerdas y tiene la misión principal de transmitir el sonido a la tabla armónica.

Está cortado a partir de una placa de madera de arce sicomoro cortado al cuarto, y ha de ser plano (es decir, sin ondas o flameado) y a ser posible con una malla muy pronunciada. La forma que ha adoptado el puente a lo largo de su historia ha sido muy variada. Desde los toscos ejemplares de los instrumentos más antiguos hasta los refinados puentes de hoy en día, su diseño ha ido cambiando, adaptándose a los requerimientos de de los instrumentos según estos evolucionaban. Hoy día se ha adoptado un modelo de puente bastante estandarizado que, con ciertas variaciones en sus medidas según el luthier que lo corte, sigue un diseño más o menos común y que derivaría de los puentes de Guarneri «del Gesù». Los luthieres franceses y germanos del S. XIX utilizaron y evolucionaron este tipo de puente «Guarneri» hasta que, hoy en día, se ha convertido en el modelo más utilizado. Podemos encontrar información interesante sobre este particular en esta página de la fundación Orpheon. En reproducciones de instrumentos antiguos, se procura utilizar puentes que se asemejan a aquellos que se usaban en la época del instrumento a reproducir.

La influencia que el puente tiene en la sonoridad del instrumento es de vital importancia. Su corte, sus proporciones, su colocación, influyen de tal manera que un instrumento puede sonar completamente distinto sólo con cambiar un puente por otro de diferente forma y medidas.

¿Cuál es el mecanismo de funcionamiento de un puente?

Es más complejo de lo que a primera vista parece. La cuerda de un instrumento de arco vibra por el roce producido por las crines del arco al pasar por encima de la cuerda. Esta manera de hacer vibrar la cuerda con el arco tiene una particularidad que la diferencia de la vibración producida al pulsarla: al deslizar el arco sobre la cuerda, el rozamiento producido por la resina contenida en las crines arrastra la cuerda en dirección al movimiento del arco, pero llega un punto en que la cuerda pierde adherencia con las crines del arco y tiende a regresar a su posición de reposo, iniciándose así un movimiento contrario al del arco, hasta que vuelve a ser arrastrada de nuevo por el movimiento del arco. Ya que el arco se mueve de forma continua por encima de las cuerdas, éste no permite que la cuerda tenga un movimiento simple de vaivén y hace que el movimiento de la cuerda se asemeje más bien al de un látigo. Este fenómeno se produce de forma continua mientras pasamos el arco por la cuerda y da origen a lo que se conoce como Movimiento Helmholtz:

La fuerza ejercida por el arco sobre la cuerda, unida a este movimiento de vaivén provocan en el puente un movimiento oscilatorio con dos componentes, una longitudinal y otra transversal. Este movimiento oscilatorio se transmite a la tabla armónica haciendo que ésta entre también en vibración.

Este complejo mecanismo requiere que el puente esté muy bien calculado para que la transmisión de la vibración sea óptima: un puente excesivamente flexible o excesivamente rígido dará al traste con el sonido. Así mismo, un puente que no tenga un contacto perfecto con la tapa no será capaz de transmitir las vibraciones de manera adecuada y, por efecto de la presión, acabará por dañar la tapa.

Respecto a la vida útil de un puente, ésta no suele ser muy larga. Hay que tener en cuenta que la alta presión que soporta, unido al constante movimiento hacen que la madera se acabe fatigando y pierda elasticidad y resistencia lo que irá en detrimento de la sonoridad del instrumento.

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