Pigmento es una substancia colorante que se usa para dar color a otros materiales. Los pigmentos son, por tanto, substancias con color propio que cambian el color de la luz que reflejan como resultado de la absorción selectiva del color. En resumen, el color que vemos en el pigmento es aquel que no ha sido absorbido. Por ejemplo: un pigmento negro es aquel que absorbe todos los colores de la luz que incide sobre él y uno blanco es el que refleja todos los colores de la luz y uno rojo es el que absorbe todos los colores menos el rojo.

En luthería, el uso principal que se da a los pigmentos es el de dar color a los barnices. Su papel es de gran importancia ya que el aspecto final del instrumento dependerá en gran medida de los pigmentos empleados.

Podemos utilizar los pigmentos básicamente de tres maneras:

  1. Incluyéndolos directamente en la formulación del barniz. Los pigmentos se añaden durante la preparación del barniz.
  2. Adicionándolos a un barniz incoloro previamente preparado. Los pigmentos se dispersan en un medio compatible con el barniz al que han de añadirse (p.e. aceite de linaza, alcohol, etc.). Una vez la pasta colorante está lista, se añade directamente al barniz.
  3. En forma de veladura. Este tipo de uso está sólo indicado para barnices al aceite. Los pigmentos elegidos se dispersan en un medio apropiado. La pasta colorante que resulta se aplica en capas muy finas directamente al instrumento después de haber aplicado un tratamiento previo y varias capas de barniz incoloro. Se alternan una capa de veladura y una capa de barniz incoloro, así hasta conseguir el color deseado.
Las principales características que ha de tener un pigmento son: gran transparencia, alta solidez a la luz y buen poder colorante.
Atendiendo a su composición podemos clasificarlos en:
  • Orgánicos: como su nombre indica tienen un origen biológico. Proceden de animales, plantas o insectos. Algunos ejemplos son el carmín, la laca de rubia, el catecú, la sangre de drago, gomaguta, áloe, púrpura de Tiro, amarillo indio, índigo, etc.
  • Minerales: tienen su origen en distintos materiales inorgánicos. Muchos de ellos suelen ser óxidos de distintos metales (hierro, cobalto, plomo, cadmio…). Entre estos encontramos el azul ultramar, rejalgar, oropimente, verde de Egipto, azurita, malaquita, entre otros.
  • Térreos: Aunque podríamos encuadrarlos dentro de la tipología anterior al tratarse de pigmentos inorgánicos, se pueden calsificar aparte. Se extraen de tierras arcillosas. A este tipo pertenecen los ocres auténticos, tierra de Siena, tierra de sombra, tierra verde de Rusia, etc.
Según su obtención pueden ser:
  • Naturales: se usan tal y como se encuentran, sin apenas transformarlos. Un ejemplo es el azafrán, sólo hay que dejarlo secar y molerlo.
  • Artificiales: se obtienen transformando las substancias colorantes mediante determinados procesos, hasta conseguir los pigmentos. Es el caso del índigo, que se obtiene de una planta llamada Indigofera, cuyo principio colorante activo, el indoxilo, se encuentra en los tallos y raíces unido a moléculas de glucosa. Para su extracción es necesario macerar la planta para conseguir liberar el indoxilo y que éste se oxide, dando lugar al índigo. Ocurre lo mismo con la laca de rubia y su principio básico: la alizarina, uno de los pigmentos más usados en luthería.
  • Sintéticos: son los obtenidos por procesos industriales, mediante síntesis química. Los pigmentos sintéticos han supuesto un gran avance en lo que a coloración se refiere, puesto que se han conseguido pigmentos mucho más sólidos (tanto a la luz como a otros agentes) y con mayor poder colorante que los de procedencia natural.
Los pigmentos que se han utilizado tradicionalmente en luthería han sido principalmente los de tipo orgánico, ya que estos suelen tener una gran transparencia, aunque los índices de solidez y poder colorante no son tan buenos como en otros tipos de pigmentos. En determinadas situaciones también puede usarse algún óxido de hierro, que son de gran transparencia, sobre todo para tonos pardos. Y en otros casos, como el del amarillo indio, que ya no se produce, no queda más remedio que usar pigmentos sintéticos.
No obstante, y esto es tema para otro artículo aparte, siempre suscitará cierto grado de polémica la elección entre tradición o innovación, materiales naturales o sintéticos. Todo depende del fin que se persiga.