Algo muy importante que debemos tener en cuenta es que, así como tratemos a nuestro instrumento, así nos tratará él.

Puede parecer una afirmación un tanto extraña, pero enseguida comprenderéis lo que quiero decir. Un instrumento tratado con esmero, con cariño, estará siempre en las mejores condiciones de uso, su aspecto será bueno y su sonido irá mejorando con el tiempo. Un instrumento maltratado o descuidado irá deteriorándose, perdiendo propiedades acústicas y estéticas que, en algunos casos, serán difíciles de recuperar.

Quiero inaugurar con este artículo una serie dedicada al cuidado del instrumento, donde ofreceré consejos de utilidad para mantener el instrumento en las mejores condiciones posibles.

Y qué mejor manera de empezar que con algo tan sencillo y efectivo como la limpieza.

Aún a riesgo de parecer exagerado, he de decir que un instrumento limpio no sólo parece más bonito, también suena mejor. La resina y la suciedad que se van acumulando con el paso del tiempo crean una película que puede llegar a afectar a la sonoridad, encorsetando en cierta medida el sonido.

Mantener limpio el instrumento es una tarea sencilla que no requiere demasiado tiempo. Lo primero que hemos de hacer es limpiar con un paño seco todo el instrumento después de tocar, haciendo énfasis en la zona de debajo de las cuerdas, que es donde más resina se acumula, y todo el diapasón, que se ensuciamucho con el roce de los dedos. Es importante que el paño no deje pelusas (como las gamuzas o “trapos del polvo”), lo más aconsejable es que sea algodón natural, aunque también funcionan bien los que ahora llaman de “microfibras”.

¡Cuidado de no enganchar con el paño alguna parte vital! Como por ejemplo el puente, que se puede caer, o las lengüetas de las efes o las puntas de la tapa y el fondo, que se pueden romper. También es importante no ejercer presión alguna cuando se limpia, sobre todo en la zona de las efes, para evitar posibles desperfectos.

No obstante, este hábito de limpieza diario no impide que cierta suciedad se vaya acumulando. Esta suciedad ya no se quita sólo con pasar un paño y es necesario el empleo de un producto especial. El uso de estos productos debe ser cauteloso y no se debe abusar de ellos ya que, si bien no dañan el barniz, su uso excesivo puede llegar a afectarlo en alguna manera.

Existen dos tipos de productos principalmente: limpiadores y pulidores. Los del primer tipo suelen ser de aspecto transparente, su acción se basa en la disolución de la resina, las grasas y otro tipo de suciedad y tienen un efecto superficial. El segundo tipo, los pulidores, suelen ser de color blanco y tienen en suspensión ciertas micropartículas abrasivas. Su acción, debido a estas partículas, es un poco más agresiva y, al tiempo que disuelven la suciedad, van puliendo la superficie dejándola brillante. Tienen por tanto los pulidores una acción microabrasiva que, si bien usados de manera ocasional no dañan el barniz, un uso muy prolongado podría llegar a desgastarlo.

Por supuesto, está totalmente desaconsejado el uso de productos limpiamuebles comerciales, aunque en su composición indique que están hechos con ceras naturales y que cuidan la madera. Todos ellos pueden dañar de forma irremediable el barniz.

Un procedimiento, que si bien muy utilizado resulta desaconsejable, es el tradicional método de machacar una nuez o una almendra dentro de un paño y frotar el instrumento con el “aceite” que se forma. Está claro que sólo con el simple hecho de machacar una nuez no se obtiene aceite de nuez. Se obtiene una substancia que, además de aceite, contiene otros componentes. Este “aceite”, al ser aplicado, produce un lustre en el barniz que deslumbra. Parte de la suciedad desaparece pero la más tenaz resiste y, lo que es peor, estos “aceites”, al no estar estabilizados, se oxidan y al evaporarse dejan restos que se transforman en más suciedad.

Es aconsejable, por otro lado, hacer una limpieza integral de vez en cuando, para lo que es recomendable acudir al luthier, ya que esta operación requiere quitar puente, cuerdas y demás accesorios a fin de tener acceso a zonas que, de otra manera, sería imposible limpiar.