Si hay algo que afecta de verdad a la salud de un instrumento de arco, eso es la humedad.

Cuántas veces nos ha pasado que, al cambiar de manera brusca el ambiente en el que nos encontramos, hallamos nuestro instrumento desafinado y con un sonido distinto. Pues bien, esos son sólo dos de los problemas más leves que podemos tener por culpa de la humedad.

La madera, debido a la estructura de sus fibras, es un elemento altamente higroscópico, es decir que absorbe o pierde humedad para intentar equilibrar su nivel de contenido de agua con el del ambiente en el que se encuentra. Esto se traduce en cambios morfológicos que afectan a la estructura de la madera.

Pero ¿Cómo afecta la humedad a un instrumento?. Las distintas partes que componen un instrumento de arco reaccionan de manera distinta ante la humedad. El abeto de la tapa, el arce, el ébano, la cola que une las juntas, todo reacciona a distinta “velocidad” ante los cambios de humedad y esta diferencia de reacciones produce tensiones que pueden llegar a ser peligrosas.

Los excesos son, como pasa con todo, desaconsejables. Tan perjudicial puede ser un exceso como un defecto de humedad. Lo mejor es mantener el instrumento entre el 40% y 55% de humedad relativa ambiente. Fuera de estos límites, las condiciones ambientales se vuelven insalubres para el instrumento y, cuanto más nos acercamos a los extremos de la escala, peor.

Pero pasemos a los detalles. Con el fin de prevenir futuros problemas, las maderas con las que están hechas los instrumentos se manipulan de manera diferente a las que son destinadas para otros fines. De todos es sabido que la madera, después de cortada, sigue “trabajando” durante años. Se llama “trabajo de la madera” a las variaciones de forma y estructura que ésta sufre a lo largo del periodo de secado. ¿Quién no ha visto como se alabea y retuerce un tablón o cómo se agrieta un tronco después de cortado?. Todo esto es debido a la manera en que la madera pierde el agua que contiene. Si este secado no se hace de forma continua, paulatina, entonces vienen los problemas.

Como ya he dicho, para prevenir estos problemas, se intentan poner remedios desde antes de construir el instrumento. Se comienza por elegir maderas estables y que no den excesivos problemas en el secado. El arce y el abeto son maderas que no plantean muchos inconvenientes en su etapa de curación. En segundo lugar, la manera en que se cortan es la que más estabilidad proporciona: para las tapas y los mangos se elige siempre el corte al cuarto o también llamado radial y en los fondos y aros, casi siempre. Este tipo de corte hace que las fuerzas que actúan sobre la estructura de la madera conforme ésta se seca se contrarresten unas con otras evitando deformaciones graves y dándoles estabilidad. Por último, el sistema de secado es completamente natural. En un primer momento, las piezas de madera se guardan apiladas en hangares y tenadas al aire libre y resguardadas de la lluvia, en condiciones climatológicas similares a aquellas de las zonas donde se cortaron, hasta que se estabilizan parcialmente. Luego pasan a almacenes cerrados donde esperan un mínimo de 5 años hasta que están en condiciones de ser utilizadas. Este sistema de secado natural deja intactas las propiedades acústicas de la madera y le da más estabilidad. El secado en hornos está desaconsejado porque, primero, malogra las propiedades acústicas del instrumento y, segundo, hace que las fibras de la madera pierdan agua con excesiva rapidez, haciéndolas menos estables.

Por supuesto que estas medidas, aunque ayudan, no solucionan el problema de la humedad y hemos de seguir teniendo cuidado. Si nuestro instrumento es de nueva factura será más sensible a los cambios de humedad que uno antiguo ya que, con el paso del tiempo, la madera va cristalizando y pierde higroscopicidad. Si bien es cierto que un instrumento antiguo corre más peligro ante los cambios de humedad que uno nuevo debido a que la madera se ha vuelto menos flexible y las tensiones le afectan más.

¿Qué le pasa a un instrumento si hay cambios de humedad? Si un instrumento se mantuviera durante toda su vida en el mismo nivel de humedad relativa que existía en el lugar donde se construyó y lográramos que ésta no variara nunca, no habría peligro de ningún tipo, ya fuera ésta muy alta o muy baja, ya que la madera estaría “acostumbrada”. Otra cosa es cómo sonaría, pero peligro no correría. Pero para eso tendríamos que tenerlo guardado en un lugar totalmente aislado y no sacarlo nunca. El problema viene cuando el instrumento se ve sometido a cambios de humedad.

¿Cómo responde el instrumento a estos cambios? En situación de una humedad relativa de 40-55%, el instrumento se mantiene estable y la respuesta de las maderas es la óptima, luego es la ideal a mantener, como ya hemos dicho. En cuanto nos apartamos de este nivel óptimo de humedad comienzan los problemas. Conforme el ambiente va siendo más húmedo, las células de la madera se van cargando de agua, aumenta el peso relativo y se vuelve un poco más blanda en su estructura, el sonido tiene más dificultad en propagarse y la madera ya no vibra como antes, lo que se traduce en un sonido menos claro. A esto hay que añadir que el instrumento se hincha, crece, por decirlo de alguna manera y, si la puesta a punto no es la idónea, el alma no ajustará de igual forma, afectando negativamente a la sonoridad y pudiendo, incluso, llegar a caerse. Cuanto mayor es la humedad más se agravan estos problemas. No obstante un exceso de humedad no llegará a suponer un peligro para la integridad del instrumento, únicamente no llegará a sonar del todo bien.

Todo lo contrario pasa cuando la humedad es escasa. En circunstancias de humedad relativa baja, la madera libera agua y su estructura pierde flexibilidad, el sonido se vuelve más áspero, menos redondo. Pero, al contrario de lo que puede suceder con el exceso de humedad, un exceso de sequedad puede llegar a ser peligroso. Cuando hablamos de niveles por debajo de 20-25%, la madera empieza a perder el remanente de agua que, de forma natural, retiene en su interior y esto empieza a crear tensiones internas, propias de la estructura de cada pieza de madera. A ello hay que añadir que el instrumento se “encoge” , lo que genera tensiones que podríamos llamar externas, es decir, las que se crean sobre el total del conjunto al moverse cada parte según sus tensiones internas. Estas tensiones, unidas a la disminución de la flexibilidad, llegan a producir desencoladuras, roturas y grietas que pueden dar al traste con un instrumento. Las más comunes y menos graves son las desencoladuras de tapas y fondos en su unión con los aros. Las más graves y por desgracia también frecuentes, son las grietas producidas en las tapas armónicas, al ser la madera de abeto, por su estructura, más propensa a las roturas en dirección a la veta. Otra consecuencia nefasta de la falta de humedad es la derivada de una mala puesta a punto. Si el alma no está bien ajustada y se encuentra colocada con mucha tensión, al encoger el instrumento por la sequedad del ambiente el alma quedará más apretada todavía, dando lugar a daños en la zona donde apoya.

Para lograr mitigar los efectos de la humedad deberemos poner en práctica las soluciones que estén a nuestro alcance. En primer lugar, mantener el instrumento guardado en su estuche siempre que no se esté usando; es donde mejor protegido está. Cuando la humedad baje de los niveles óptimos, es aconsejable utilizar un humidificador especial, de los que existen múltiples modelos en el mercado, bien de los que se colocan en el interior del instrumento, tipo Dampit, y que irradian humedad directamente al instrumento, o bien de los que se colocan dentro del estuche, que aportan humedad al entorno cuando el instrumento está guardado. Si el instrumento no se va a utilizar durante algún tiempo es aconsejable destensar las cuerdas para evitar tensiones añadidas. Cuando la humedad es alta la solución es un poco más complicada, ya que los productos desecantes que se encuentran en el mercado muchas veces no son apropiados para los instrumentos musicales. Una solución casera, que da buenos resultados aunque no es efectiva del todo, es la de llenar una bolsita de material transpirable (p.e. algodón) con gel de sílice e introducirla en el estuche.

Está claro que una buena prevención nos evitará disgustos innecesarios.

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Cuida tu instrumento: La humedad es un artículo de Eduardo Francés Bruno publicado bajo Licencia Creative Commons de Reconocimiento 3.0 Internacional.
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