Continuando con la cuestión que nos ocupaba en nuestro anterior artículo, algunos historiadores y luthieres del pasado atribuían a Andrea Amati al invención del violín tal y como lo conocemos, ya que los más antiguos violines que se conservan son de su autoría. Hoy podemos afirmar que no hay nada más lejos de la realidad. Nadie discute hoy en día que la historia de los comienzos de la lutería en Cremona y de la figura de Andrea Amati han de ser vistas desde una perspectiva totalmente independiente del enfoque orientado al estudio genérico del surgimiento del violín. Así, poco o nada conocemos de manera fehaciente sobre la “prehistoria”, por así llamarlo, del violín en Cremona, es decir, del papel que determinados artesanos locales pudieron tener en el desarrollo de violín propiamente.

El único nombre asociado a la construcción de violines del que tenemos noticia con anterioridad a Andrea Amati es el de su posible, aunque improbable, maestro: Giovanni Leonardo da Martinengo. Hijo de un judío converso, su figura sigue sin estar clara, ya que no se ha encontrado ningún documento que pruebe que se dedicaba a la construcción de violines. La única información de que se tiene noticia que relacionaría a Andrea Amati con Martinengo es un documento datado en 1529 en el que este último, a petición del Comune di Cremona,  declara las personas que tiene a su cargo en su domicilio, y en ese documento aparece el nombre de Andrea, sin más. Carlo Bonetti, autor de A genealogy of the Amati family of violin makers, 1500-1740, afirma rotundamente que este Andrea se trata de Andrea Amati. Esta afirmación es un tanto atrevida, ya que no hay pruebas fehacientes de ello.

De lo que no hay duda es de que, en la segunda mitad del S. XVI, existía en Cremona una serie de artesanos especializados en la construcción de instrumentos. La historia nos ha dejado constancia de dos nombres: Amati y Cironi. El primero, fundador de una gran saga, con mucha influencia en el desarrollo de la lutería. El otro apenas es conocido.

El fundador de la familia Amati y de la escuela de Cremona, como hoy la conocemos, es el ya mencionado Andrea Amati. No tenemos constancia de su fecha de nacimiento, aunque se considera que debió ser en la primera década del 1500. Ya a mediados de siglo aparecen evidencias escritas del prestigio alcanzado por Andrea en la construcción de instrumentos musicales y, a su muerte, acaecida en 1577, su negocio de construcción de instrumentos estaba plenamente establecido. De su autoría nos han llegado varios violines, violas y algún cello, que son claro ejemplo de lo que fueron los inicios de la familia del violín.

La labor de Andrea Amati fue continuada por sus dos hijos Antonio y Girolamo, conocidos como “los hermanos Amati”. Antonio, del que poca cosa se sabe, nació con anterioridad a 1540. En un documento fechado en 1559 aparece como “Magistro Antonio che fa i liuti“. Su hermano Girolamo nació hacia 1550, aunque otras fuentes lo datan en 1561. A la muerte de su padre (1577) se hicieron cargo del taller de éste y trabajaron juntos hasta su separación, que debió tener lugar hacia 1588. Antonio abandona el taller familiar, estableciéndose por su cuenta.

Si Andrea Amati estableció las bases del violín tal como lo conocemos hoy día, son sus hijos, y en especial Girolamo, quienes comienzan a hacer cambios y a evolucionar el modelo de su padre en busca de una mejora en el sonido.

Antonio muere en 1608. Girolamo ha conseguido, a estas alturas, consolidar el negocio familiar y su taller da empleo a un buen número de artesanos. Hacia 1620 se incorpora a la actividad del taller su hijo Nicolò (1596-1684), quien pronto se convertirá en su principal asistente. Será Nicolò quien sucederá a su padre a la muerte de éste, ocurrida en 1630 por causa de la peste.

Continuando con el buen hacer de su padre, Nicolò conduce el taller familiar a través de las vicisitudes del momento, logrando convertirlo en un negocio más próspero, si cabe, consiguiendo para sí una fama y un reconocido prestigio que traspasó las fronteras. Su figura es clave en el desarrollo del violín en general y de la escuela de Cremona en particular. Consiguió desarrollar el instrumento hasta cotas nunca vistas hasta el momento, tanto desde el punto de vista estético como acústico, convirtiendo a sus instrumentos en el referente de la lutería durante los dos siglos siguientes.

Las circunstancias personales de Nicolò Amati influyeron decisivamente en el devenir de la historia de la lutería en Cremona. Casado a una edad muy tardía, su hijo Gerolamo II no nacerá hasta 1649. Es por ello que Nicolò, a falta de familiares que le ayuden en sus tareas, ha de buscar fuera a los asistentes idóneos para tal fin. La lista de asistentes, de la que se tiene constancia, que entrarán en el taller a partir de 1640 es impresionante. La mayoría de ellos es de fuera de Cremona, algunos, pertenecientes a familias de constructores de instrumentos como Jägger, Reilich o Pasta. De entre sus pupilos más destacados encontramos a  Andrea Guarneri, Giacomo Gennaro y Giovanni Battista Rogeri.

Saldrá de ojo el no haber citado a Antonio Stradivari, pero no se ha podido constatar que formara parte de ese grupo de asistentes del que se rodeó Nicolò Amati, salvo una etiqueta que reza “Antonius Stradiuarius Cremonensis Alumnus Nicolaii Amati, faciebat anno 1666” cuya autenticidad es del todo dudosa. Fue el conde Cozio di Salabue el primero en aseverar el hecho de que Stradivari fuera alumno de Amati ya que afirmaba que la autoría de varios de los violines de Amati fechados desde 1665 hasta los primeros años de la década de 1680 era de Stradivari. Pero este punto no ha sido probado. Los hermanos Hill, en su libro “Antonio Stradivari. His life and work” aunque dan por cierto este hecho, no dan prueba alguna del mismo y se limitan a suponer que debió de ser así.

Nicolò Amati fallece en 1684, dejando el taller en manos de su hijo Gerolamo II, que hereda un negocio centenario, con una reputación que traspasa fronteras. Aun así, no será capaz de continuar la labor de su padre y el taller entrará en crisis, llegando a cesar la producción de instrumentos recién comenzado el nuevo siglo, varios años antes de la muerte de Girolamo, acaecida en 1740. Termina así una saga que, durante cerca de doscientos años marcó las pautas en la construcción de violines y que extenderá, durante un siglo más, su influencia por todo el Continente.

En el siguiente artículo hablaremos de los pupilos de Nicolò Amati y de su papel en el desarrollo de la lutería en Cremona.

Bibliografía:

Hargrave, R.G.- “The amati Method”. Consorzio Liutai A. Stradivari. Cremona. 2000

Chiesa, C.- “The rise of cremonese violin making”. Consorzio Liutai A. Stradivari. Cremona. 2000

HUBER, J: The violin market. Verlag E. Bochinsky. Frankfurt 1995.

HILL et al.: Antonio Stradivari. His life and work. Dover Ed.

CONTAMINE; BOMPAIRE; SARRAZIN: La economía medieval. Ed. Akal.

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Cremona: la época dorada de la lutería – Segunda parte es un artículo de Eduardo Francés Bruno publicado bajo Licencia Creative Commons de Reconocimiento 3.0 Internacional.
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