La teoría

Doblar los aros de un instrumento de cuerda es una operación que requiere práctica y mucha paciencia.

Cada tipo de madera se comporta de diferente manera a la hora de doblarla. La reacción al agua, al calor y el grado de curvatura es única para cada pieza de madera.

No es difícil llegar a quebrar una pieza durante el proceso de doblado. Hay que prestar mucha atención a cómo la madera se va comportando durante todo el proceso y, sobre todo, no tener prisa.

Calor y humedad

Para lograr doblar una pieza de madera son imprescindibles dos elementos: calor y humedad. Cuando la madera humedecida entra en contacto con una superficie suficientemente caliente, el agua se transforma en vapor. Este vapor atraviesa la madera, reblandeciendo sus fibras, lo que hace posible doblar la pieza. Las fibras de la parte externa de la curva sufren un estiramiento y las de la interna una compresión. Cuando la madera se enfría, las fibras vuelven a endurecerse y lo hacen de tal modo que la zona curvada queda más rígida de lo que lo era antes del proceso de doblado.

La temperatura ha de ser la correcta. Lo suficientemente alta para evaporar rápidamente el agua pero sin que llegue a quemar la madera.

En cuanto a la humedad, demasiada agua puede entorpecer más que ayudar. Por ejemplo, en una madera muy rizada, el exceso de agua puede reblandecer más de la cuenta las fibras y provocar la rotura de la pieza. Demasiada humedad también puede provocar severas deformaciones durante el proceso de enfriamiento-secado de la pieza que son irreversibles.

Por contra, la falta de humedad impedirá que la madera se ablande, pudiendo llegar ésta a quebrarse.

Clases de madera

Como ya he comentado anteriormente, según la madera que usemos, ésta se comportará de forma particular. Unas maderas son más difíciles de doblar que otras.

Las maderas más fáciles de doblar son aquellas de fibra plana, como el arce liso, sin rizo, el palosanto de la India o el ciprés. Podemos sumergirlas en agua una media hora antes y luego proceder a su doblado, que conseguiremos de forma rápida.

El nogal, el pruno o la caoba son maderas de dificultad media, con fibras un poco más rígidas que ofrecen más resistencia a ser dobladas. Habremos de ir con más cautela y será necesario controlar en todo momento el nivel de humedad.

Las maderas más difíciles de doblar son las que poseen un rizo profundo, como el arce flameado, la koa rizada, el álamo flameado o el palosanto de Río. Este tipo de madera no se sumerge en agua, se  humedece únicamente la zona que se va a doblar justo antes de empezar y se va rehumedeciendo según va siendo necesario. El proceso ha de hacerse con suma cautela pues, al tener la fibra ondulada, es muy fácil que la madera se quiebre por uno de los rizos.

Herramientas

Pocas son las herramientas que nos hacen falta para conseguir doblar unos aros.

Indispensable será el “hierro de doblar”. Pieza metálica, calentada mediante una resistencia, con una forma determinada para poder conseguir las curvaturas deseadas.

Una banda de acero inoxidable que facilitará el doblado de manera uniforme y evitará posibles fracturas.